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LA MEDITACIÓN COMO FORMA DE PAZ

Meditar es simple

Puedes meditar casi en cualquier lugar, tu casa, un centro
de meditación o en cualquier otro lugar donde haya tranquilidad.
 El lugar debe estar ventilado y con una temperatura agradable para evitar sentir incomodidad. Es importante evitar un exceso de comodidad, ya que esto podría provocar que el sueño se apodere de ti.

Cada vez más accesible debido al gran número de instructores y personas cualificadas que se están formando en la materia.​​​​

¿Te sientes estresado o cansado? ​

¿Te gustaría encontrar una forma de relajarte y revitalizar tu energía?

La meditación puede resultar de gran ayuda para lograr ese objetivo.

Es utilizada como una terapia complementaria para mejorar la salud y la sensación de bienestar.

Técnica básica de meditación para la Paz Interior

Puedes meditar casi en cualquier lugar, tu casa, un centro de meditación o en cualquier otro lugar donde haya tranquilidad. El lugar debe estar ventilado y con una temperatura agradable para evitar sentir incomodidad. Es importante evitar un exceso de comodidad, ya que esto podría provocar que el sueño se apodere de ti.

Comienza ajustando tu posición al estar sentado. Si te sientas en el suelo, siéntate con las piernas cruzadas. Pon la pierna derecha sobre la izquierda y la mano derecha encima de la izquierda, con las palmas hacia arriba. El dedo índice derecho debe tocar suavemente tu pulgar izquierdo.

Coloca ambas manos sobre las rodillas cómodamente, con la cabeza y la espalda erguidas.

Esta posición se llama Posición de Paz. Si no te sientes cómodo en el piso, puedes sentarte en una silla o un sofá. Ajusta tu posición hasta que te sientas completamente a gusto y la sangre circule libremente; respira de forma natural.

La “Posición perfecta de paz” o Postura para la Meditación. Cierra suavemente los ojos con comodidad, como si fueras a dormir. No uses fuerza. Ciérralos ligeramente. No aprietes tus párpados al cerrarlos. Sonríe ligeramente. A continuación, respira profundamente. Inhala y exhala varias veces.

Respira lentamente. Siente el paso de aire a través de tus pulmones y siente cómo llega a la mitad de tu abdomen. Imagina que cada célula de tu cuerpo está teniendo plenamente un sentimiento de felicidad y alegría. Suelta el aire lentamente por la nariz. Exhala todas tus preocupaciones, el estrés, la tensión y los sentimientos negativos. Tómate un momento para dejar de lado todas las responsabilidades relacionadas con el trabajo, los seres queridos, la familia, el estudio y todo lo demás.

 Deja todo ir. Deja que tu mente esté alegre, relajada y libre de toda preocupación. Respira con normalidad. Relaja todos los músculos de tu cuerpo.

Comienza desde la parte superior de tu cabeza hasta la frente. Relaja los músculos de la cara, los párpados, el cuello y los músculos de los hombros, los brazos y hasta las puntas de los dedos. Relaja los músculos de la espalda, el pecho, las piernas y todo hasta la punta de los dedos del pie.

Deje que cada parte de tu cuerpo se relaje. No permitas que ninguna parte de tu cuerpo se contraiga, apriete o tense. Continua relajándote hasta que sientas que cada parte de tu cuerpo, cada célula, está completamente relajada. Ahora te encuentras en un estado de completa relajación en donde se puede sentir un vacío, transparencia y ligereza. Ahora, tu mente se encuentra en un estado de alegría, es clara, pura y brillante.

Suelta y deja ir.

Vacía tu mente. Haz que tu mente esté clara, pura y libre de pensamientos. Imagínate que estás sentado, solo, en un vasto espacio abierto. El espacio está lleno de libertad y tranquilidad. Te sientes como si nunca hubieras tenido ningún apego en tu vida, ningún problema y no conocieras a nadie. Imagina que tu cuerpo no tiene órganos, asumiendo que se trata de un tubo, como si fuera un espacio vacío, hueco, un globo inflado, un cilindro o un diamante que es brillante y claro. Deja que sea un espacio abierto, vacío y hueco al interior. Puedes sentir tu cuerpo más y más ligero, como si estuvieras perdiendo peso, derritiéndote poco a poco y uniéndote con la naturaleza.

Concéntrate en el centro de tu cuerpo, a la mitad de tu abdomen, dos dedos por encima del ombligo. Si apenas empiezas a practicar, no te preocupes demasiado por el punto exacto del centro de tu cuerpo.

Mantén tu mente, en voz baja y suave, en el centro de tu abdomen. La forma en que enfocas tu mente en el centro del cuerpo debe ser ligera y la suave como la pluma de un pájaro. Imagina que está flotando desde el cielo y va cayendo hasta tocar la superficie tranquila del agua de un lago. Imagina el tacto suave de la pluma cuando toca la superficie del agua. 

Enfoca tu mente en el centro del cuerpo con este sentimiento . Mantén la sensación de relajación en tu cuerpo y mente de manera continua. Mantén tu mente enfocada en el centro del cuerpo (a la mitad de tu abdomen) imaginando un objeto neutro. De esta manera tu mente tendrá algo en qué concentrarse. Podrías imaginar un sol brillante, de cualquier tamaño, resplandeciente como el de mediodía, pero limpio y suave como la luz en una noche de luna llena. 

Puedes elegir cualquier objeto que te guste, siempre y cuando te haga sentir tranquilo, puro y contento. No dejes que tu mente divague. Si piensas en otra cosa, puedes mantener tu mente quieta recitando una frase corta y tranquilizadora. 

Recita la frase o palabra elegida, con suavidad, como si los sonidos suaves vinieran del centro del objeto mental que se encuentra en medio de tu abdomen. Recita la frase elegida de forma continua, mientras piensas en el objeto mental brillante, suave y cómodamente flotando en tu centro. Enfoca tu mente para que esté quieta observando el objeto mental que está brillando dentro de ti. Mantén tu mente en el objeto y repite la frase en el centro de tu cuerpo de forma continua, suave y cómoda hasta que tu mente esté quieta.

Cuando tu mente esté completamente quieta, repetirás la frase en automático, como si se te olvidara recitarla (si ya no la quieres recitar, está bien, puedes dejar de hacerlo). Si te sientes más a gusto, no tienes que volver a recitar la frase. Deja que tu conciencia mantenga la visión del objeto mental con suavidad y comodidad. Esto es lo único que debes hacer de ahora en adelante, con una mente quieta, suave, constante y de forma continua. No hagas nada más. Recuerda relajarte. Se neutral. Tu mente estará completamente enfocada y no sentirás nada. Este momento es muy importante así que no lo descuides, pon atención porque todas las experiencias nuevas progresarán aún más de lo que esperabas. La mente profundizará, entrará en la claridad, pureza, brillo, en la verdadera felicidad y el conocimiento interior verdadero. Esta es la sabiduría interna. Por último observarás que la verdad universal está dentro de ti y de cada uno de nosotros.

Repartir amor incondicional es algo que podemos hacer todos los días, antes y después de cada meditación. Un breve período antes de meditar ablanda y amplía nuestras mentes.

El pensar en el amor incondicional, ayuda a mejorar nuestra experiencia en la meditación. Compartiéndolo después de la meditación se extiende la pureza de nuestras mente. Primero generamos amor hacia nosotros mismos y después hacia los demás.