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Año de 1960. Después de trabajar durante dos años como oficial de psicología clínica para el ejército de Estados Unidos, observando la conducta de soldados desertores, un hombre de 26 años vuelve al Instituto Langley Porter para investigar a fondo el estudio de las emociones y expresiones  humanas. Es ahí donde Paul Ekman desarrolla la teoría de la comunicación no verbal.

Nacido en Washington, EE.UU., este hombre de 84 años sufrió una situación familiar muy trágica que lo llevó a interesarse por la psicoterapia a muy temprana edad: el suicidio de su madre.

A la edad de 15 años, Ekman, ingresó a la universidad de Chicago donde obtuvo la licenciatura en psicología. En 1958, con tan solo 23 años alcanzó el grado de doctor en la Universidad Adelphi. Sin embargo, sus investigaciones sobre las expresiones y el movimiento corporal, las inició mientras aún estudiaba la carrera.

Pero Paul Ekman, no se dedicaría todavía a dar sesiones psicoterapéuticas, sino que, a través de una cámara de Gesell o espejo unidireccional, observaría los comportamientos de los pacientes descubriendo la importancia que tiene la comunicación no verbal.

Ekman descubrió que en dichas sesiones la mayor parte de la información no se transmite por los canales verbales, sino por medio de las expresiones faciales, el lenguaje corporal e incluso la forma de hablar, es decir, la comunicación no verbal.
Desde 1960 hasta el año 2004, laboró en el Instituto Langley Porter, el hospital psiquiátrico de la Universidad de California. Ahí desarrolló gran parte de sus investigaciones.

A lo largo de su carrera, el doctor Ekman afirmó que las emociones humanas no tienen una herencia cultural, sino que, provienen de una raíz biológica universal.

Al estudiar a un grupo étnico en Papúa, Nueva Guinea, descubrió que existen seis expresiones emocionales en la cara que son universales. Como resultado, clasificó a estas expresiones emocionales como emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco.

A partir de ahí, dedicó su tiempo a investigar la relación que existe entre las expresiones faciales humanas y su interacción con las emociones.

Fue así que en 1978 desarrolló el Sistema Facial de Acciones (FACS), un método que le permite identificar cada músculo y gesto del rostro. Así añadió otra lista de expresiones universales, solo que a diferencia de las emociones básicas, no todas podían ser identificadas a través de las expresiones gestuales, como por ejemplo, la culpa, la vergüenza, el alivio, la diversión, el orgullo, etc.

Mientras investigaba esta nueva lista, analizó que los movimientos faciales delataban mentiras o engaños. Al trabajar con algunos pacientes, descubrió que a veces simulaban o camuflaban emociones, sin embargo, dejaban un rastro que permitía percibir ese engaño.

Ekman junto a un colega, determinaron que las personas utilizan dos medios para liberar sus emociones reprimidas: las expresiones sutiles y las microexpresiones.
En las sutiles, la persona en cuestión usa solo una pequeña parte de la musculatura que comúnmente usaría para expresar una emoción. Reacciona de esta manera para mostrar tan solo un breve fragmento de la emoción que pretende ocultar.
Por otra parte las microexpresiones se manifiestan en décimas de segundo por lo que es más difícil percibirlos e interpretarlos. Son movimientos totalmente involuntarios.

Ya que las microexpresiones ocurren a una gran velocidad casi imperceptible al ojo humano, estudiarlas sólo es posible con un video grabado en high definition y es preciso mirar los cuadros una y otra vez, hasta lograr identificar la microexpresión.

Si quieres conocer más sobre la comunicación no verbal de Ekman te recomendamos estos libros:

  • El rostro de las emociones
  • ¿Cómo detectar mentiras?
  • ¿Qué dice ese gesto?
  • Sabiduría emocional
  • ¿Cómo detectar mentiras en los niños?